Capitulo 15
Esa tarde, a la salida de la escuela, volvimos a los galpones del ferrocarril en el límite del pueblo, para probar mi fuerza. Esta vez eramos Mateo, Juan Figueroa y yo. Ibamos a invitarlo al Gordo Martínez para que viniera pero éste seguia haciéndose el ofendido por la paliza que le habíamos dado entre todos y se había ido a su casa.
Al llegar a los galpones, empezamos a buscar algo sobre lo cual probar mi fuerza. Un problema con estos pueblos es que nunca sobra nada, menos todavía en épocas de inundación. Lo único que sobra, en estos casos, es el agua, pero para colmo, como es salada, no sirve ni para los cultivos.
Había si, unos pedazos de leña.
- Julito, Julito, ¡agarrá la leña! - y yo iba y agarraba un tronco.
- Julito, Julito, ¡agarrá esta otra! - y yo iba y agarraba el otro.
- Julito, Julito, ¡agarrá este otro! - y agarraba también.
Así nos pasamos unos buenos cuarenta minutos hasta que Juan dijo que su hermano había traído de Pehuajó una revista Penthouse y que la tenía escondida abajo del colchón de su cama.
En ese momento descubrí que también tenía super-velocidad.

